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EDITORIAL
Octubre 2007
Contra la esencia del juego
El fútbol profesional es deporte, espectáculo y negocio. Pero básicamente es un juego. Se podría concretar diciendo que es un juego deportivo que produce un espectáculo con el que muchos hacen negocio. La base de partida es el juego. Como dice Benito Floro, “el fútbol es esencialmente un juego deportivo basado en la lucha por la posesión de un balón con el cual se puede ganar el partido que se disputa” . La esencia del juego es la lucha por la posesión del balón, a partir de ahí quedan establecidas las acciones que deben realizar los jugadores y el equipo. Varias son las referencias del juego: el balón, la posición de los compañeros, la posición de los rivales, la zona del campo en la que nos encontremos y la distancia a ambas porterías. Pero el balón es el bien más preciado.
Durante el partido, las dos situaciones en las que un equipo puede poseer el balón con mayor seguridad son: en un saque de portería y cuando el portero le intercepta con las manos ante una jugada de ataque del equipo rival. En las dos hay tiempo y espacio para asegurar inicialmente el balón. Podemos iniciar el juego desde atrás de forma adecuada, con tiempo para tomar una pausada decisión y con espacio para ejecutar sin oposición. Me sorprende que se desprecie continuamente, por la mayoría de los equipos, esta ventaja de la que disponen. Los porteros sacan de puerta con un pelotazo largo y al centro donde esperan muy juntos los jugadores de los dos equipos. Cuando interceptan un balón con las manos, le lanzan al aire y le golpean de volea para enviarle lo más lejos posible. Tienen un tesoro, y en vez de repartirle con sus compañeros, se lo juegan a cara o cruz con los rivales.
Cuando el portero se dispone a realizar un saque de puerta, el equipo rival se repliega en mayor o menor medida, deja espacio delante de la portería y del área de penalti. Si el portero sacase sobre un lateral que baja, éste podría conducir por banda y abrir líneas de pase. En el peor de los casos, si un rival le tapa puede realizar un pase largo desde una zona más adelantada que el portero y con más posibilidades que éste. Si el portero intercepta un balón con las manos pueden producirse dos casos: que el equipo rival se repliegue porque le da tiempo, o que quede adelantado y desorganizado defensivamente. En el primer caso puede sacar el portero sobre un defensa como antes queda indicado. En el segundo, puede realizar un pase rápido con la mano, superando a varios rivales y generando un ataque certero. Tras el partido Real Valladolid-Deportivo del pasado día dos de septiembre, comenté que los dos equipos habían renunciado a la esencia del juego porque parecía que ambos porteros habían apostado por quien de los dos sacaba más fuerte, más alto y más largo. Posteriormente, concretamente el día cuatro de septiembre, leo con agrado que Alfredo Relaño, ecuánime y certero como siempre, expresa en su editorial de AS que “el fútbol nace en la mano del portero” . Quiero resaltar que un saque del portero “a lo argentino”, golpeando al balón con esa parábola particular y con fuerza, es muy difícil que sorprenda al rival porque es un pase muy largo y previsible. Resulta extraño que porteros y entrenadores de alto nivel no lo entiendan así. Se sienten seguros sólo cuando el balón está lejos de su portería. Deberían saber que respetar la esencia del juego es el mejor camino para jugar bien, y que jugar bien es el mejor camino para ganar.
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