Fútbol profesional
En el año 2001 publiqué un libro de artículos sobre aspectos globales del fútbol.
No es un libro técnico, desarrolla situaciones colaterales del fútbol profesional
desde mi particular visión, aunque en varios textos se incluyen conceptos que
tienen que ver con el juego, la táctica o la metodología de entrenamiento. El
título de este libro es Fútbol: juego, deporte y espectáculo. Para que el título
fuese más completo se podría haber reflejado: Fútbol: juego, deporte espectáculo
y negocio. Hace algún tiempo establecí una somera definición del fútbol profesional:
“Juego deportivo que provoca un espectáculo con el que muchos hacen negocio”.
Para una explicación más explícita hay que desarrollar cuatro conceptos incluidos
en la frase: juego, deporte, espectáculo y negocio.
Es juego
porque se trata de un ejercicio recreativo sometido a reglas, en el cual se
gana, se pierde o se empata. Existe una colaboración directa entre los compañeros
y una oposición directa de los rivales. Cada equipo busca su objetivo superando
y contrarrestando al equipo rival. Pero lo primero que debe entenderse es que
la esencia de este juego es la lucha por la posesión de un balón con el que
puede ganarse el partido que se disputa, a partir de ahí se establecen las acciones
para defender esa posesión y para privarle de ella al rival. Es deporte porque
requiere un movimiento muscular activo dentro de una actividad competitiva.
El jugador necesita capacidades condicionales (preparación física), capacidades
coordinativas (técnica), capacidades cognitivas (táctica) y capacidades mentales
(preparación psicológica).
Es espectáculo
porque supone una diversión pública celebrada en un escenario en el que se congrega
gente para presenciarla. Pero no está premeditadamente preparado para divertir
bajo unos parámetros establecidos, no se diseña previamente el final. Existe
una oposición, un antagonismo del equipo rival, que hay que aceptar como forma
de ese espectáculo. También hace falta talento para defender. Es negocio porque
genera ganancias a muchos profesionales, ganancias lícitas y lógicas. Lo malo
es que cada vez se busca más negocio y, cada vez, menos lícito y menos lógico.
Detesto que se contraten jugadores cuando ya ha comenzado la competición, que
se vuelvan a contratar en el meridiano de la liga. Las cesiones de jugadores
se multiplican y provocan acuerdos que van en contra del espíritu deportivo.
Muchas plantillas se confeccionan por representantes, más que por secretarios
técnicos (que, generalmente, ni son secretarios ni son técnicos) obedeciendo
intereses particulares más que necesidades futbolísticas. El fútbol profesional
es juego, deporte, espectáculo y negocio. Debería tratarse de que el cuarto
concepto no acabe con los tres anteriores. Vamos camino de ello.