Pseudo entrenadores
Está claro que el argumento más importante en el fútbol son los jugadores, pero la labor del entrenador es esencial. Es importante quien maneja lo importante. Ocurre que, en la práctica, en el ámbito del fútbol profesional, abundan los pseudo entrenadores y escasean los entrenadores. Al margen de otras facetas, una de las misiones del técnico consiste en plantear los partidos y, previamente, entrenar para buscar el mejor rendimiento posible para su equipo. El planteamiento integral de cada partido conlleva las siguientes tareas: alineación, formación, posición en el repliegue defensivo, tipo de ataque, conducta defensiva, dinámica de ataque, y organización de las especialidades de defensa y de ataque. Todo esto les suena a chino a los pseudo entrenadores, que, sorpresivamente, están instalados en los grandes equipos. Schuster, Rijkaard y Koeman, son ejemplos claros. Ellos creen que sólo existe la alineación y la formación. Además, desconocen la adecuada metodología de entrenamiento, principalmente en lo referente al entrenamiento de la táctica, donde el déficit existente es alarmante.
También hay entrenadores capacitados, pero están en los equipos más modestos. Por ejemplo, Lucas Alcaraz, Víctor Muñoz y Marcelino García Toral, así como Gonzalo Arconada, que actualmente entrena al Numancia en Segunda División. Otros entrenadores capacitados están en el paro. En el mercado futbolístico, en la actualidad pegado únicamente al negocio y muy separado del juego, del deporte y del espectáculo, no interesan los entrenadores de verdad, son más cómodos para la causa los “entrenadores corcho” que flotan en todas las aguas y van donde les lleva la corriente. O los que han jugado al fútbol a alto nivel, como si jugar fuese lo mismo que entrenar. Soy entrenador, por eso trato de descubrir a los impostores. Señalo a los pseudo entrenadores para defender a los entrenadores.
Lamentablemente el rumbo mediático que ha tomado el fútbol pone imponentes Ferraris en manos de pésimos pilotos. Sus equipos ganan por técnica, pero nunca por táctica. La calidad individual de sus jugadores les sirve para estar arriba en el campeonato doméstico. Sería de desear que esos equipos llenos de grandes jugadores estuviesen dirigidos por técnicos capacitados. Así podrían ganar por técnica y por táctica, y proclamarse campeones en las altas competiciones internacionales, en concordancia con el nivel técnico que atesoran. Lo malo es que en la Champions League, pongamos por caso, no les puede llegar únicamente con la técnica. En los circuitos internacionales, esos Ferraris pueden quedarse rezagados.