Se juega mal porque se entrena mal
En varias ocasiones he utilizado el gráfico que podemos observar en la página de la izquierda, en la revista y en alguna de mis ponencias. Antes de seguir leyendo, aconsejo mirarle detenidamente y pensar sobre su mensaje. Pertenece al autor norteamericano Robert Singer, y le incluye en su libro “El aprendizaje de las acciones motrices en el deporte”. Libro que, aunque data del año 1986, mantiene vigencia en muchas de sus consideraciones. La metáfora está muy clara, pero debajo de ella muestra otros muchos mensajes. El plagio, la copia, se extiende actualmente en todos los ámbitos. En fútbol se manifiesta en dos situaciones: técnicos que copian de otros para escribir libros o artículos atribuyéndose a sí mismos la autoría con un enorme descaro, y técnicos que toman notas de lo que hacen otros en sus entrenamientos para ejecutar ellos lo mismo. Aparte de esto están los recientes ex-jugadores que entrenan equipos profesionales por el mero hecho de haber destacado jugando en el fútbol de alto nivel, careciendo de la adecuada preparación. El resultado es un entrenamiento erróneo y equipos que ganan porque tienen a los mejores jugadores del mercado pero que, en todo caso, rinden muy por debajo de su potencial y juegan muy mal a nivel colectivo.
Muchos entrenadores prometen que trabajarán mucho. Desconfío de ellos. Trabajar mucho es una obligación, una evidencia, se supone. Precisamente, los que prometen esto son los que menos trabajan, entrenan (mal), se duchan y se van a su casa para regresar al campo en el próximo entrenamiento. Ni planifican ni analizan ni preparan. Un entrenador capacitado, y comprometido con su labor, tiene que adquirir el compromiso de que su equipo juegue bien al fútbol con el objetivo de ganar. Tiene que sacar el máximo rendimiento de los jugadores que pongan a su disposición. La labor esencial del entrenador es entrenar para que su equipo juegue bien al fútbol con el objetivo de ganar. La mejor vía para ganar es jugar bien. El requisito para jugar bien es entrenar bien. Para ello hay que partir de tres puntos esenciales: conocer el objetivo, distribuir el entrenamiento y aplicar tareas adecuadas. Es decir: análisis del juego, planificación y metodología. Han de desarrollarse las capacidades cognitivas, coordinativas, condicionales y mentales; pero partiendo siempre de que la preparación física y mental son herramientas al servicio del juego. Lo fundamental es la capacidad del jugador para tomar decisiones, es decir, la táctica. Sin olvidarnos de la técnica, requisito imprescindible para que los jugadores ejecuten bien.
En el diseño de tareas de entrenamiento hay que partir de los principios fundamentales del juego y de la táctica. Sobre ello adaptaremos las ejecuciones técnicas, la carga física y el requerimiento mental. Deben confeccionarse las tareas bajo situaciones de juego y con los ingredientes de espacio, tiempo, número de jugadores y normas para su desarrollo. Modelos globalizados o estructurados con contenidos bien analizados, porque la utilización del balón, por sí sola, no significa entrenar la táctica. Balón sí, por supuesto, pero sin confundirlo con un simple revoltijo de acciones sin análisis ni transferencia a la competición. Tampoco debemos olvidar que en el entrenamiento analítico es necesario para ciertas situaciones y no ha de desterrarse, pero partiendo de que es un complemento, no una prioridad. Recuerdo la frase que ya he empleado muchas veces: “los jugadores aprenden sobre lo que hacen, no sobre lo que se les dice”. Si a los jugadores les pones problemas de juego, cuando tratan de buscar soluciones desarrollan su capacidad de toma de decisiones, que es la verdadera táctica. Para un locutor de radio no se trata sólo de llegar a tiempo al programa, sino de hablar con conocimiento y coherencia. Para un entrenador de fútbol no se trata sólo de llegar a la hora del entrenamiento, sino de entrenar bien.