Jugar bien tiene que garantizarse
Cada vez circulan más tópicos y aseveraciones falsas en nuestro deporte. No habría espacio en toda la revista para indicar la multitud de frases, mensajes y declaraciones que son simples perogrulladas sin fundamento. Pero lo que más me sorprende es que muchas de ellas corresponden a entrenadores profesionales. Aunque, reflexionando un poco disminuye mi sorpresa, ya que es abundante la poca preparación y escasos conocimientos de la mayoría de entrenadores. Hay honrosas excepciones. Cuando estos abundantes entrenadores incapacitados, aunque “con nombre”, fichan por un equipo, lo primero que sueltan delante de los periodistas es: “prometo trabajo, empeño y dedicación”, o se limitan a decir la consabida frase de: “prometo trabajo, trabajo y trabajo”. Es como si yo prometiese que nunca incumpliré mi horario laboral y pondré todo mi esfuerzo cuando se me contratase como arquitecto en una empresa constructora. Evidentemente, haré mal mi trabajo porque soy un absoluto neófito en el campo de la arquitectura.
Un técnico debe asegurar que su equipo jugará bien al fútbol. Es más, tiene que garantizarlo. Un entrenador, si lo es de verdad, tiene que conocer en profundidad el juego, sus parámetros incidentes, sus principios fundamentales y las variantes tácticas. Tiene que ser experto en metodología de entrenamiento. Partiendo de esto, y aplicándolo con eficacia, el equipo jugará bien todos los partidos. Seguro. Se comenta, sin fundamento, que en baloncesto y balonmano existen más resortes tácticos, más argumentos de entrenamiento para que el equipo interiorice una forma colectiva de jugar. Respecto a jugadores, en baloncesto hay diez variables tácticas, en balonmano hay catorce; mientras que en fútbol hay veintidós. En fútbol se juega sobre un espacio mucho más amplio. En baloncesto y balonmano no existe la zona de transición, en fútbol sí existe y es muy importante. No poder jugar el balón con las manos implica más dificultad técnica, pero acarrea la connotación táctica de obligar a una toma rápida de decisión antes de recibir el balón.
En este punto, muchos pensarán que la oposición del rival echa por tierra mis argumentos. Conclusión irreflexiva derivada del desconocimiento del juego. Ya sé que estamos hablando de un deporte de colaboración y oposición directa. Pero la oposición sólo se manifiesta en la zona activa de juego. En las otras zonas dinámicas, que yo he clasificado como zona total de juego, zona de vigilancia defensiva y zona de aprovechamiento ofensivo, intervenimos directamente con nuestros movimientos. Los rivales nunca podrán impedir que nos movamos sin balón según tengamos establecido, y entrenado, en función de las circunstancias del juego. Teniendo en cuenta, además, que la sucesión de pases nunca puede estar prevista de antemano como si de una “pizarra arcaica” se tratase. En las situaciones del juego incide fundamentalmente la toma de decisiones de los futbolistas. En la zona activa de juego hay que entrenar para que tomen bien las decisiones. En las zonas alejadas del balón hay que entrenar para que se desplacen y actúen bien a fin de favorecer la jugada más importante en el fútbol, que es “la jugada siguiente”. Todo ello es entrenable. Un entrenador tiene que asegurar que su equipo jugará bien al fútbol. Si no es capaz de ello, es un demagogo, pero no un entrenador. Y recordemos lo más importante de todo esto: la mejor vía para ganar es jugar bien. No comprendo lo que significa, y como se desarrolla, “ganar como sea”.