Jugadores, entrenamiento, juego y resultados
Todo equipo de fútbol, de cualquier categoría y entorno, contiene en su funcionamiento cuatro elementos que se presentan a modo eslabones de una cadena. Se relacionan entre sí y han de contemplarse en un orden concreto: jugadores, entrenamiento, juego y resultados. El objetivo final, como logro deportivo buscado, son los resultados, pero éstos sólo llegarán si los tres anteriores elementos se manifiestan con coherencia y eficacia. Los jugadores suponen el argumento más importante, no sólo porque con su técnica sean capaces de ejecutar con un grado de efectividad concreto, sino porque ellos son los verdaderos dueños de la táctica debido a que, como he manifestado en muchas ocasiones, la verdadera táctica es la capacidad del jugador para tomar decisiones durante el juego. El punto de partida fundamental es la plantilla de futbolistas, pero nunca debe olvidarse que el rendimiento de un equipo resulta de la coordinación colectiva de sus jugadores, no de la suma.
Tras la plantilla, aparecen dos elementos estrechamente relacionados: entrenamiento y juego. La mejor vía para ganar es jugar bien, sin duda. No entiendo a los iluminados que repiten constantemente:
“hay que ganar como sea”. Debe entenderse el concepto “jugar bien” como el aprovechamiento de los recursos para ser eficaz en la competición. Recuerdo mi propia definición al respecto: jugar bien es ejecutar de forma precisa las acciones técnicas, enlazándolas adecuadamente en el desarrollo táctico y respetando los principios fundamentales del juego con el objetivo de ganar. Se trata de jugar bien para ganar, y para ello es necesario entrenar bien. Entrenar los elementos coordinativos, cognitivos, condicionales y mentales que exige el desarrollo del juego, utilizando los modelos de entrenamiento apropiados. Entrenar el sistema de juego de nuestro equipo a través del correspondiente entrenamiento estructurado para que los jugadores interioricen los movimientos colectivos y sean capaces de “verlos” y realizarlos sobre el terreno de juego.
Los resultados representan la meta perseguida. Pero sólo podrá llegarse a ella con los tres eslabones anteriores bien cimentados. La última temporada, el Barcelona lo entendió así y ganó todos los títulos. Sus magníficos jugadores, sometidos a un entrenamiento perfectamente desarrollado, ejecutaron un juego colectivo magnífico. Este mismo equipo, la anteúltima temporada, con Rijkaard, y prácticamente con los mismos jugadores (además de Ronaldinho y Deco) despreció el entrenamiento y, consecuentemente, ni jugó bien ni ganó. Lo mismo hizo el Real Madrid esta temporada 2009-2010: entrenamiento casi inexistente, deficitario en calidad y cantidad. Vuelve el modelo Florentino, retornan los “Galácticos C. F.”, resurge el “álbum de cromos”. Modelo mercantil que se aparta del concepto deporte. Tomo aquí una frase, de Alfredo Relaño, en su editorial de AS del pasado 8 de junio:
“… y mucho glamour, pero aquello degeneró en vedettismo y molicie. Ahora que vamos a la repetición del modelo resucita la ilusión de entonces, pero inquieta el recuerdo de lo mal que acabó”. Resulta un grave error buscar los resultados con el único argumento de un grupo de cracks.