Farándula ajena al fútbol
Si miramos alrededor del campo de juego y a otros espacios alejados de él. Si vemos lo que está ocurriendo fuera del césped, en zonas alejadas del juego y del entrenamiento, comprobaremos con facilidad que nuestro bello deporte camina por derroteros que hacen daño a su esencia. Sabemos que el fútbol profesional contiene, y así debe ser, los ingredientes de juego, deporte, espectáculo y negocio. Pero lo malo es que el negocio es desmesurado y beneficia en una medida irracional a muchos que no usan ropa deportiva. Por otra parte, se está buscando espectáculo de manera demasiado artificial. No se valora el espectáculo que se produce en el césped, proveniente del enfrentamiento de los dos equipos, sino que se montan espectáculos tomando como excusa el juego. Al final, ocurre que muchos se divierten más con la parafernalia que con el juego. Un claro ejemplo de esto son los alocados e irracionales programas de televisión que se montan con el pretexto de hablar de fútbol, sin hablar de fútbol. Suelen llamarles debates futbolísticos, siendo, en realidad, debates bochornosos que nada tienen que ver con el fútbol..
Se reúnen unos cuantos periodistas que, con la excusa del fútbol, montan programas que contienen todos los ingredientes de la tele-basura. Sus comentarios se basan en chascarrillos, zarandajas, perogrulladas y simplezas ajenas al desarrollo del juego y de la competición. No hablan del contenido porque ni saben ni les interesa, sólo vociferan acerca del continente insulso que le rodea. Profieren gritos, voces y vehemencias desorbitadas y vacías de contenido. Si alguna vez cuentan con un entrenador capacitado (muy raro porque hay muy pocos y porque a los realizadores y presentadores de estos programillas no les interesan) les cortan enseguida si pretenden hablar, de verdad, de fútbol, porque eso no va con su inconexa exhibición de voces. Sólo les interesa subir la audiencia televisiva a costa de absolutas imbecilidades. Juegan a periodistas siendo, en realidad, forofos acérrimos de sus equipos que, en vez de informar o contar cosas, pretender crear la corriente de opinión que a ellos les interesa. Discuten constantemente mezclando sus vociferantes bramidos.
En estos últimos tiempos se ha pegado al fútbol una gran cantidad de estos programas ridículos. El resultado está siendo que se da más importancia a estas escenografías que a la competición. A muchos les atrae infinitamente más el circo que se monta después, que en el propio partido. Cada partido y cada jugada producen una película y una especulación que, adornadas con la parafernalia televisiva, atraen muchos espectadores. Montan escenografías aprovechándose de situaciones que han ocurrido en un partido, las adornan, las sacan de contexto, añaden traducciones libres a modo de guiones graciosos. Todo por la causa de buscar telespectadores, cuantos más mejor, no importa cómo, todo vale. Como ya he indicado en varias ocasiones, puede que dentro de varios años los partidos se desarrollen dentro de un plató de televisión enmarcado en un programa farandulero, a los futbolistas se les mandará hacer “números” que mantengan el morboso interés de los televidentes y a los entrenadores se les vestirá con graciosas y ridículas ropas que hagan gracia. Unos y otros se prestarán a ello sin rubor.