La demagogia no sabe competir
Es un hecho irrefutable que en el ámbito del fútbol profesional crece desmesuradamente el continente y disminuye, en la misma proporción, el contenido. La parafernalia, los análisis banales y la farándula lo ocupan casi todo. El juego, el entrenamiento y la planificación deportiva parecen desaparecidos. Los partidos constituyen una mera excusa para montar el circo. Los entrenamientos son, en muchos casos, rutinas que cumplen un papel secundario. Lo básico se convierte en intrascendente. Lo intrascendente se convierte en importante. En estas estamos, cuando aparece en escena otro elemento que está en boga: la demagogia. Aparte de su significado estricto como “práctica política que puede manifestarse en un discurso con el fin de agradar o exaltar a las masas con medios poco lícitos”, empleamos este término, demagogia, para referirnos a manifestaciones vacías de contenido. Dentro del entorno futbolero, personalmente observo dos tipos de este hábito: la demagogia de la coartada y la demagogia de la simpleza..
La demagogia de la coartada, o sea, la parrafada que se esgrime como pretexto o disculpa, se emplea abundantemente por entrenadores, futbolistas y directivos. Un ejemplo claro de ello lo encontramos en muchas de las declaraciones de los técnicos ante cada partido. Si juegan contra un equipo que está en lo alto de la tabla, manifiestan:
“el partido es muy difícil porque nos enfrentamos a un magnífico equipo, sólo basta con mirar la tabla para darse cuenta de su extraordinario potencial”. Cuando el rival se encuentra al final de la clasificación, suelen realizarse expresiones como esta:
“se trata de un encuentro muy complicado porque los contrarios se juegan mucho, ya que se están apurando sus últimas bazas y van a tope”. En caso de que el contrario esté ubicado sobre la mitad clasificatoria, la parrafada es: “vamos a jugar un partido súper difícil, ya que el equipo rival no tiene problemas y jugará sin tensión, lo que hace que su juego sea muy preciso”. Afortunadamente no todos los entrenadores utilizan esta verborrea insulsa, aunque sí lo hacen muchos.
La demagogia de la simpleza, o sea, las boberías y necedades que se dicen con una absoluta falta de inteligencia, abunda por doquier. En vez de razonar situaciones sobre el entrenamiento el juego y el rendimiento en competición, se sueltan despropósitos que nada tienen que ver con la realidad futbolística de los equipos. Cuando un equipo pierde partido tras partido, muchos dicen que lo que hace falta es una victoria para coger confianza. Confunden el objetivo (la victoria) con uno de los medios para conseguirlo (la confianza). Esta imbecilidad se puede rebatir fácilmente preguntando: ¿Si necesitan ganar para coger confianza, cómo van a conseguir esa anhelada victoria sin tener confianza? De igual forma, estos equipos perdedores habituales suelen apelar a zarandajas como: conjurarse, ganar como sea, apretar los dientes. Ignoran que se trata de aprovechar al máximo los recursos de que se dispone para ser eficaz en el juego. Se trata, en definitiva, de jugar bien. Aunque muchos rebatirán esto último al seguir pensando que jugar bien es, por ejemplo, hacer un bonito regate en el área propio.