Las
vuvuzelas y el Jabulani
Nuestro próximo número estará dedicado íntegramente a este Mundial 2010 que
acaba de finalizar. Tras el editorial correspondiente y una introducción
previa, reflejaremos los resultados de todos los partidos en todas las fases
del campeonato, analizaremos las características técnico-tácticas más
significativas, plasmaremos una ficha esquemática de todas las selecciones y
un cuadro-resumen de sus variantes tácticas, ofreceremos una relación de los
diez jugadores más destacados a nuestro juicio en este certamen. Finalizaremos
con las opiniones de varios técnicos, alusivas al desarrollo futbolístico del
conjunto de partidos y a las conclusiones que podemos extraer sobre la
evolución del juego en el futuro. Queremos hacerlo con una perspectiva más
sosegada, dejando pasar los ecos del reciente final de esta competición
mundial en tierras sudafricanas.
Pero
ahora es preciso hacer alguna observación sobre el enorme entramado comercial
que se monta alrededor del terreno de juego. Muchas veces he recordado mi
definición de fútbol profesional, la recuerdo otra vez: El fútbol
profesional es un juego deportivo que provoca un espectáculo con el que muchos
hacen negocio. Negocio que, por otra parte, es normal y justificado. Pero
está tomando unas dimensiones desmesuradas con las que puede llegar a
perjudicar las partes esenciales del fútbol: juego y deporte.
En lo que se refiere al espectáculo,
considero que se está desvirtuando su significado.
La prensa sólo valora las jugadas espectaculares, los goles y las
acciones individuales, olvidando elementos inherentes al juego basados en las
variantes tácticas. Esto provoca que el espectador vaya al estadio pendiente
sólo de acciones brillantes y no observe la evolución colectiva del juego. Su
conclusión final es que los partidos son muy malos porque no ha valorado el
juego en su esencia.
En este
Mundial se han manifestado en cantidades exageradas la publicidad, los
intereses comerciales, la parafernalia, los reclamos de la sociedad de
consumo… El continente casi ha anulado al contenido. Se ha dado máxima
importancia a los montajes artificiales y muy poca al desarrollo futbolístico
de cada partido. Por ejemplo, los programas de radio que supuestamente
retransmitían los partidos, únicamente resultaban portavoces publicitarios,
todo el tiempo ocupados en transmitir las excelencias de los productos
comerciales, con pequeñísimas alusiones al juego. El noventa y cinco por
ciento de su tiempo empleado en anuncios y el cinco por ciento en narrar el
partido. Las vuvuzelas han supuesto una metáfora de esto: “mucho ruido y pocas
nueces”. Mucho continente y poco contenido. El Jabulani es otro ejemplo de
que, ante todo, priva lo comercial. Ya sé que este balón cumple con lo
indicado en las Reglas de Juego en cuanto a forma, composición, diámetro, peso
y presión; pero su textura supone un hándicap para golearle con precisión y,
sobre todo, para el blocaje de los porteros. Se comporta como un balón
engrasado. Además de ajustarse a las Reglas, los balones deberían someterse a
ciertas pruebas prácticas para que futbolistas y técnicos opinasen sobre su
funcionalidad.