Tareas del director deportivo
En el editorial anterior hablábamos de los directores deportivos en fútbol,
criticando su poca efectividad, en general, en el desarrollo de su misión. Lo
cierto es que en este puesto suelen colocarse personajes incapacitados para el
trabajo que se requiere y además no se atienden las tareas necesarias para
desarrollar una labor eficaz. Ocurre como en el caso de muchos entrenadores,
que sólo emplean la alineación (escoger a los once) y la formación (darles un
espacio de referencia en el terreno de juego), cuando existen muchas más
tareas en su compleja función. En el caso de los directores deportivos, sólo
se tiene en cuenta el fichaje de futbolistas (que suele hacerse bajo criterios
erróneos), olvidando otras tareas que deberían ser de absoluta responsabilidad
en este importante puesto.
Personalmente, considero que son cinco las tareas del director deportivo de un
club de fútbol. Tareas que deben ser de absoluta obligación para que este
puesto esté justificado y se ejercite con responsabilidad. Cito mi
clasificación de estas tareas (obligaciones): 1.- formar una plantilla
competitiva en el campo y rentable en el mercado; 2.- crear un modelo de juego
consistente y estable como sello futbolístico del club; 3.- implantar las
directrices de plantilla y metodológicas para que el equipo juegue bien; 4.-
establecer un rendimiento eficaz y competitivo; 5.- instaurar una metodología
adecuada para la formación de futbolistas en los equipos filiales y
dependientes. No se trata de inmiscuirse en la labor específica del
entrenador, pero en estrecha relación con éste,
ha de implantarse en el club una identidad futbolística propia y un modelo de
juego afianzado en el tiempo.
Ocurre
que en la gran mayoría de los casos, los directores deportivos están para
hacer de portavoces de los comunicados del club o para acompañar al presidente
en sus viajes o para trasladarse a ver a un jugador sin criterios definidos
para el fichaje o para tratar con el representante de turno… o para todas
estas cosas a la vez. Alejadas todas ellas de sus verdaderas funciones como
técnico de la entidad. Son, simplemente, “hombres de paja” del presidente,
puestos ahí para recibir los palos cuando vengan mal dadas, a costa de los
emolumentos que perciben. El resultado inicial es que la mayoría de los clubes
profesionales son grupos sin identidad propia, que cambian repetidamente de
modelo de juego y que sólo sirven como trasiego constante de futbolistas. El
resultado final es la ruina deportiva y económica de todos ellos. Los
directivos siguen sin darse cuenta… o no les importa.