El equipo rival
Muchos técnicos manifiestan que no les importa el rival, que lo único que les preocupa es el
juego de su equipo. Es cierto que nuestro sistema de juego debe prevalecer por
encima de las características de cada uno de los equipos contrarios, ya que un
sistema bien establecido y desarrollado es argumento esencial para el
rendimiento en competición. Hay
que
dar protagonismo a los argumentos propios y no
otorgar protagonismo a los argumentos del rival. Sin olvidar el respeto a los
principios fundamentales del juego, que siempre han de prevalecer ante
cualquier partido. No obstante, no debemos olvidar que el equipo rival nos obliga a la utilización
adecuada del espacio y del tiempo mediante una oposición colectiva y directa.
“El equipo rival no importa” es una aseveración que se emplea muchas veces pero
no es real, precisamente porque ese rival supone el nivel que hemos de superar
en cada partido.
Teniendo en cuenta que la oposición de cada rival presenta distintas peculiaridades,
debemos establecer alguna variante que nos ayude a contrarrestarle y superarle.
Estas variantes no deben cambiar sustancialmente el sistema o modelo de juego
propio, se trata de acciones y movimientos puntuales al objeto de eliminar
puntos fuertes y aprovechar puntos débiles que hayamos observado en el equipo
contrario a nivel individual y colectivo, pero sin romper nuestra estructura
táctica. Por poner un ejemplo: si ellos cuentan con dos delanteros muy rápidos
que necesitan espacio para correr a los balones en profundidad, retrasamos un
poco nuestra línea de defensas para hacer más pequeña nuestra zona de
vigilancia defensiva. Sin romper nuestro modelo, podemos y debemos aplicar
alguna variante que nos facilite las acciones ante las características de
nuestros rivales.
Las variantes que
establezcamos han de
orientarse sobre lo que realmente trata de hacer el equipo
rival, no sobre sus movimientos generales. Es decir, hay que analizar las
razones por las que ellos realizan sus acciones, no quedarse en la
superficialidad, es necesario observar lo que verdaderamente pretenden. No
debemos olvidar que el movimiento de uno o varios jugadores puede buscar
objetivos de juego diferentes. Por ejemplo, un equipo puede emplear un ataque
directo, pero nuestra observación sobre su juego no tiene que quedarse sólo en
eso. Un ataque directo puede ejecutarse para buscar rechace o para buscar
espacio, y nuestra disposición debe ser muy distinta ante uno u otro caso.
Nuestra respuesta debe estar en función de las verdaderas pretensiones del
equipo contrario y no en función de sus movimientos iniciales.