La
obligación del entrenador
Sabemos que la labor del entrenador es muy compleja. Desde hace mucho tiempo
vengo condensando esta labor en diez cometidos: atender a todos los
componentes del modelo de competición, aplicar una metodología eficaz, buscar
una mejora integral de los futbolistas, plasmar los principios fundamentales
del juego, escoger y utilizar bien las variantes tácticas, desarrollar
adecuadamente en el entrenamiento los principios y las variantes, coordinar
las acciones de los jugadores, orientar el juego del equipo durante el partido
sin interferir en la zona activa de juego, dirigir a los ayudantes que
componen su grupo de trabajo y atender a los medios de comunicación. Todos
estos cometidos tienen que confluir en uno fundamental que representa la
obligación de todo entrenador: que el equipo juegue bien con el objetivo de
ganar.
Mantengo
mi definición sobre el concepto de jugar bien al fútbol: ejecutar de forma
precisa las acciones técnicas de la situación de ataque, de la situación de
defensa y de las transiciones, enlazándolas adecuadamente dentro del
desarrollo táctico y respetando los principios fundamentales del juego, con el
objetivo de ganar; jugar bien significa ser eficaz en el juego para
neutralizar al rival en la situación de defensa y superarle en la situación de
ataque.
El objetivo final es ganar y el mejor medio para lograrlo es jugar bien.
Se puede ganar jugando mal por diversas circunstancias, pero la mejor vía para
ganar es jugar bien. Nunca entenderé a los que manifiestan “hay que ganar
como sea”. Bueno, entiendo algo sobre ello, entiendo que los que emplean
sistemáticamente ese argumento desconocen la dinámica de desarrollo del juego
en fútbol y no saben aplicar una metodología específica de entrenamiento.
No quiero decir que jugar bien consista en realizar acciones técnicas con
mucha habilidad. Por ejemplo, hacer un regate cerca de la portería propia es
jugar mal. Jugar bien es ser eficaz en el juego. Primero hay que implantar los
principios y las especialidades del juego, después hay que escoger las
variantes tácticas adecuadas y entrenarlas. El entrenamiento es la solución
para que el equipo juegue bien. Las acciones lejos de la zona activa del juego
se desarrollan con entrenamientos globalizados y estructurados. Las acciones
en la zona activa de juego se desarrollan entrenando el mecanismo de acción
del jugador para que decida y ejecute bien. Aquí surgirá el pensamiento
irreflexivo de algunos: “¿que pasa con la oposición del rival?”. Mi
respuesta: los rivales nunca podrán impedir que nos movamos sin balón como
tengamos establecido, y entrenado, tanto cuando el balón le tienen ellos como
cuando el balón le tiene un compañero. Lo he repetido muchas veces: la
obligación del entrenador es que su equipo juegue bien al fútbol con el
objetivo de ganar. Y eso puede lograrse… si se sabe.