Juntar o coordinar, esa es la cuestión
Varias son las acepciones que la Real Academia Española, en su diccionario
oficial, atribuye al término juntar. Las principales son: unir unas cosas con
otras; reunir, congregar, poner en el mismo lugar; acumular, acopiar o reunir
en cantidad. Respecto al término coordinar, define su significado como:
disponer cosas metódicamente; concertar medios, esfuerzos, etc., para una
acción común. En consecuencia, juntar indica una simple suma de personas o
cosas; mientras que coordinar supone ensamblar las individualidades de un
grupo para llegar a los objetivos comunes. Observamos una evidente diferencia
entre estos dos términos. En todos los deportes de equipo se trata de
coordinar. Esa necesidad de coordinación se acrecienta en un deporte colectivo
de colaboración y oposición directas, como el fútbol. El rendimiento proviene
de la acertada coordinación de los jugadores de cada plantilla. No basta con
juntar, no basta con sumar futbolistas aunque sean del más alto nivel.
“Plantilla”
es el grupo formado por todos los jugadores que tienen ficha federativa con un
club. “Equipo” es la organización colectiva ante cada partido de competición
para neutralizar y superar al rival. Hacer una plantilla es juntar, hacer un
equipo es coordinar. Una buena plantilla no garantiza un buen rendimiento,
porque el rendimiento se consigue a través del equipo. El argumento más
importante de este juego deportivo son los futbolistas, lo sé, pero fichar a
los jugadores más caros del mercado no asegura que el equipo juegue bien y
gane. Sin embargo, en la mayoría de los casos lo que ofrecen los equipos en
cada partido de competición es una alineación y una formación.
Muchos entrenadores se limitan a alinear y a otorgar a cada jugador un espacio
de referencia sobre el terreno de juego. Simplemente emplean dos
variantes tácticas: la alineación y la formación. Olvidan las otras variantes
tácticas como son: posición defensiva en repliegue, tipo de ataque, conducta
defensiva y dinámica de ataque.
Sólo se utilizan dos ingredientes del sistema de juego de un equipo. Se olvida
el empleo de los otros con las variantes que cada uno ofrece y no se
desarrolla una metodología de entrenamiento específica y eficaz para que se
plasme sobre el campo un sistema concreto. La mayoría de los equipos “juegan a
nada”. Esto se debe en gran parte a que los directivos no dan importancia la
labor del entrenador. Cuando contratan a un técnico no valoran sus
conocimientos ni su capacidad para entrenar con eficacia. Eso les da igual.
Basándose en la falsa creencia de que “el balón entra por casualidad”, fichan
a un entrenador que favorezca sus intereses fuera del terreno de juego. Están
en un grave error porque no se dan cuenta de que los intereses económicos del
club derivan de los resultados deportivos. Casi todos piensan que la
alineación y la distribución de puestos de cada jugador constituyen el
sistema. Les falta casi todo, se olvidan de muchas variables tácticas y no
aplican la necesaria metodología de entrenamiento específica.