Coartadas
para la incapacidad
Como es sabido desde hace mucho tiempo, dentro de mi definición particular de
fútbol profesional empleo cuatro conceptos: juego, deporte espectáculo y
negocio. El último citado, el negocio, está justificado porque estamos en un
ámbito profesional, pero como se están acercando a nuestro deporte tantos
egoístas interesados, está creciendo de forma tan desmesurada e irracional que
devora ferozmente a los otros tres conceptos, que deberían protegerse bien por
ser los pilares básicos. Los “negociantes” se aprovechan del desarrollo del
fútbol para montar sus “negocios”. Fomentan un río revuelto para que haya
ganancia de pescadores. No les importa contaminar las aguas. Muchos son los
aspectos contaminantes del juego, del deporte y del espectáculo. En este
escrito voy a referirme a uno sólo de ellos: la contratación, por parte de los
clubes profesionales, de entrenadores y directores deportivos carentes de
conocimientos y preparación.
Resulta
que cuando los dirigentes de un club de fútbol profesional buscan la
contratación de un entrenador, casi nunca se plantean si está capacitado para
el desarrollo de su labor. Casi nunca se plantean si el entrenador sabe o no
sabe. Ponen sobre la mesa otros argumentos, como pueden ser que el técnico
tenga un representante que se preste sin reservas a sus intereses, que sea su
amigo, que se ciña a sus caprichos, que acepte condiciones de servilismo, que
calle y otorgue ante las decisiones técnicas que tomen los directivos por
encima de él, que deje hacer a los demás sin hacer ruido. Otra condición es
que haya sido un jugador famoso, creen con esto es suficiente. Reflejo una
significativa frase de mi amigo Xabier Azkargorta (que emplea una vez más en
la sección de Firma Invitada de este número): “Tanta gente mediocre que por la
habilidad manifestada con los pies se les ha otorgado el derecho a educar
dando patadas a la pedagogía”.
No todos los ex-futbolistas profesionales carecen de capacidad para entrenar,
algunos son buenos entrenadores. Pero la mayoría ni se han preparado ni tienen
aptitudes. No obstante, los dirigentes creen que el entrenador es lo de menos.
Consideran que la pelotita entra por casualidad. El resultado es que
casi todos los equipos juegan mal porque se entrena mal, y se entrena mal
porque muchos entrenadores no saben aplicar la metodología adecuada a través
de tareas bien estructuradas. Sólo hay que verles con sus perogrulladas
en sus ruedas de prensa. Por poner un ejemplo:
cuando se enfrentan al
primero de la clasificación manifiestan que están ante un partido muy difícil
porque el rival es muy bueno y por eso está el primero; si se enfrentan al
último clasificado dicen que el partido será muy difícil ya los rivales
saldrán a por todas porque están con la soga al cuello; si se enfrentan a un
equipo situado en medio de la tabla insisten en que el partido es dificilísimo
porque los rivales no tienen problemas de clasificación y saldrán sin
presiones. Coartadas para tapar su incapacidad.