Irreal Mourinho Club de Fútbol II
El
Real Madrid se planteó el fichaje de Mourinho pensando que con ello adquiría
la garantía para ganar todos los títulos nacionales, volver a levantar el
prestigioso trofeo de la Champions League y derrotar plenamente al F. C.
Barcelona. En este momento en que las competiciones están en pleno desarrollo,
no pueden aventurarse los objetivos que conseguirá el equipo de la capital de
España, pero ya se han plasmado sobre los terrenos de juego muchos hechos
reales de su fútbol y de su comportamiento: deficiente su juego e intolerable
su conducta. El técnico portugués fue recibido por todos los medios de
comunicación como una especie de Dios futbolístico, todos le adoraban y le
calificaban sin cesar como “el mejor entrenador del mundo”. Sí son ciertas dos
cosas: que es el técnico que más cobra en todo el planeta y que tiene a su
disposición a la plantilla más cara de todo el planeta. Sin embargo, no es
capaz de hacer que esa grandiosa plantilla juegue bien al fútbol.
Es evidente que el equipo rival forma parte indisoluble del juego, por eso
debe adoptarse algún matiz según circunstancias muy significativas de los
rivales. Pero para que un equipo tenga plenas opciones de rendimiento siempre
debe plasmar los principios fundamentales del juego y dar prioridad a su
propio sistema. Hace tiempo establecí un concepto muy concreto dentro de mi
clasificación de los principios fundamentales del juego: hay que dar
protagonismo a los argumentos propios y no otorgar protagonismo a los
argumentos del rival. Este concepto se hizo patente en la pasada doble
confrontación Madrid-Barcelona de Copa. En el partido de Madrid, Mourinho dejó
sin fútbol a su equipo con su alineación y su planteamiento, buscando sólo que
no jugase el equipo rival. En el partido de vuelta, en Barcelona, con el
Madrid casi sin nada que perder y con su técnico bastante devaluado, los dos
equipos jugaron al fútbol. Se demostró que para tratar de ganar a cualquier
rival, lo mejor es tratar de jugar al fútbol.
En las “turbulencias” de relación que surgieron entre la plantilla madridista
y su técnico tras el partido Copero del Bernabéu, cuyo punto más álgido se
produjo en el enfrentamiento dialecto entre algunos jugadores con su
entrenador (desveladas por el Diario Marca), Sergio Ramos da una auténtica
lección de táctica a su “mister”. Reproduzco. Mourinho recrimina a Ramos:
“¿dónde estabas en el gol de Puyol, Sergio?”. El central explico su versión:
Piqué y Puyol estaban haciendo pantallas y decidimos cambiar los marcajes”.
“¿Qué pasa que ahora juegas a ser entrenador?”, rebatió Mou. “No, míster, pero
dependiendo de las situaciones de partido, hay veces que hay cambiar los
marcajes”.
Resulta que el considerado por muchos el mejor entrenador del mundo desconoce
que la verdadera táctica es la capacidad de los jugadores para tomar
decisiones durante el juego. Un buen entrenador tiene que ser capaz de
facilitar esa toma de decisiones de sus jugadores con eficaces tareas
de entrenamiento y con buenos planteamientos de los partidos. Mourinho suele
hacer lo contrario: disminuir la capacidad de juego de sus futbolistas. Y eso
que tiene a su disposición a la plantilla más cara del mundo.