Josep Guardiola Sala
En artículos, conferencias, simposium, foros y reuniones futbolísticas de
índole diversa he manifestado repetidamente que es un gran error creer que
haber jugado al fútbol a un alto nivel internacional constituye una garantía
para ser un buen entrenador. Es más, afirmo rotundamente que es un hándicap.
Recuerdo las principales razones en las que baso esta argumentación: se juega
por cualidades pero se entrena por conocimiento, a la práctica totalidad de
jugadores profesionales les gusta jugar pero no les gusta el fútbol, jugando
tienen una visión muy parcial del juego porque solo lo observan desde la
perspectiva de su puesto, tienden a entrenar imitando a los entrenadores que
tuvieron, carecen de vocación para entrenar pero siguen por interés personal
en una actividad que les permite mantener un puesto de trabajo. Hay muchos ex
jugadores del alto nivel entrenado equipos profesionales porque muchos
dirigentes contratan a “jugadores de renombre” aunque no sepan entrenar. Una
cosa es ser taxista y otra ser mecánico del automóvil, las dos muy respetables
pero muy distintas.
La mayoría de futbolistas de alto nivel pasan del campo al banquillo
careciendo de capacitación y formación, pero algunos (poquísimos) sí están
bien preparados y se han adquirido una formación sólida, son excepciones a la
regla. La excepción más significativa la encontramos en Guardiola, gran
futbolista por cualidades y ahora gran entrenador por conocimiento. En las
cuatro temporadas que ha estado al frente del Barcelona, lo ha ganado
prácticamente todo. Así que los resultadistas no pueden poner ninguna pega
porque los datos les tapan la boca. Pero
lo más importante es que lo ha ganado con muy buen fútbol, demostrando que la
mejor vía para ganar es jugar bien. En la historia más reciente del
fútbol, considero que hay tres entrenadores que han aportando importantes
innovaciones en el juego: Stefan Kovacs, Arrigo Sacchi y Josep Guardiola. El
rumano Kovacs generó el intercambio constante de puestos en el Ajax de las
temporadas 71-72 y 72-73, que fue denominado a nivel coloquial como “fútbol
total”. El italiano Sacchi plasmó los movimientos de achique y agrande de la
línea de defensas según la situación del juego en el Milán de las temporadas
87-88, 88-89 y 89-90. Kovacs y Sacchi lo ganaron prácticamente todo con sus
equipos, como Guardiola.
Las innovaciones aportadas por Guardiola pueden cifrarse en cinco: 1.-
recuperar la formación 4-3-3 y dotarla de un buen carácter ofensivo con muchas
variantes; 2.- abrir siete líneas de pase al portero para la salida del balón
desde atrás (los dos centrales que se abren, el medio centro defensivo que se
mete entre los centrales, los dos laterales más adelantados y casi pegados a
las bandas, los dos interiores que se colocan por dentro en línea con los
laterales); 3.- coordinar los apoyos en corto sobre el poseedor del balón; 4.-
organizarse colectivamente alrededor del balón para conseguir pases cercanos
en la posesión y para recuperar el balón nada más perderle apoyándose en la
densidad defensiva; 5.- aplicar una eficaz metodología de entrenamiento en
base a tareas simuladoras que desarrollan la capacidad cognitiva del jugador.
No obstante, considero que, a veces, al Barcelona le ha faltado dejar a su
último defensa sobre la línea de medio campo cuando atacaban en bloque cerca
del área contraria, porque se adelantaban todos mucho más allá de medio campo
y eso les ha costado goles importantes en contra.
Hace varios años, en el Hotel Carlton de Bilbao, Guardiola, Lillo y yo tuvimos
una larga conversación sobre fútbol. Guardiola venía a jugar el Trofeo Villa
de Bilbao como jugador de La Roma, entrenada entonces por Fabio Capello. Ahí
comprobé sus conocimientos sobre el juego y sobre la metodología específica de
entrenamiento en fútbol. Observé su capacitación para entrenar y vislumbré un
futuro buen entrenador. Pero, además, es de justicia resaltar su faceta humana
porque siempre ha actuado con un comportamiento exquisito de palabra y de
obra. En todos los entornos y ante todas las situaciones, tanto favorables
como adversas, se ha comportado con educación, respeto y dignidad. Todo lo
contrario que el actual entrenador del máximo rival, que siempre ha vertido
improperios y elevados malos modos en la derrota y en la victoria. Guardiola y
Mourinho son la antítesis del comportamiento. Ahora, el técnico de Santpedor,
tras cuatro años como entrenador del Barcelona, deja su puesto por propia
voluntad. Deseo que el fútbol le recupere pronto.