El
“entrenamiento” de los suplentes
Hace muchos años, el autor argentino Jorge de Hegedüs propuso una fórmula
del rendimiento deportivo partiendo de tres aspectos fundamentales. Su
fórmula era: aptitudes naturales de base + nivel de entrenamiento +
entrenamiento invisible. Son los tres aspectos requeridos para conseguir
buenos resultados deportivos. Pero resulta que si uno de ellos es
prácticamente inexistente y podemos considerarle como “cero”, el resultado
de la suma de Hegedüs resulta engañoso. Los tres aspectos tienen que estar
muy bien desarrollados, razón por la que desde hace mucho tiempo planteo la
multiplicación de ellos, no su simple suma. Basándome en Hegedüs, mi fórmula
es: aptitudes naturales de base x nivel de entrenamiento x entrenamiento
invisible. De esta forma, si uno de ellos es inexistente, o “cero”, el
resultado será “cero”. Poco podemos influir los entrenadores en las
aptitudes de base, aunque pueden modularse con el entrenamiento. Tampoco
podemos influir directamente en el entrenamiento invisible, aunque podamos
motivar y dar normas para que los jugadores respeten ciertos hábitos de vida
en beneficio de su prestación en el campo de juego.
Pero, como
entrenadores de fútbol, debemos aplicar un eficaz nivel de entrenamiento. Es
nuestra principal responsabilidad. Para el “nivel de entrenamiento” aplico otra
fórmula: intensidad x volumen x complejidad. Multiplicando los elementos porque
los tres son imprescindibles. Si uno de ellos es “cero”, el resultado será
“cero”.
El volumen semanal de entrenamiento es muy escaso en la mayoría de los equipos.
Se entrena poco tiempo (de media) por sesión y no se dobla ningún día durante la
temporada (en la mayoría de los casos). El resultado son pocas horas de
entrenamiento en cada ciclo. Muchos entrenadores dicen: “prefiero
entrenamientos intensos y cortos”. Importante es la intensidad, pero ésta no
se podrá mantener en competición si falta el adecuado volumen. No me refiero a
hacer demasiados ejercicios analíticos (que también se necesitan en cierta
medida), me refiero
a
que el
entrenamiento específico precisa del adecuado volumen.
Si los
titulares habituales entrenan poco, los suplentes prácticamente no entrenan.
Resulta que los que no juegan hacen las mismas sesiones que los titulares, con
la irrisoria diferencia de que en la siguiente sesión al partido hacen un
trabajo más fuerte en base a una especie de partidillo o algo parecido. Los que
juegan, por lo menos hacen una actividad catabólica en el partido, lo que supone
una carga en su proceso de trabajo. Los suplentes, en cada ciclo semanal hacen
esto: el lunes descansan (o hacen un ligero trabajo el lunes y descansan el
martes cuando se aplica la dañina moda de entrenar al día siguiente del
partido), el martes hacen una especie de partidillo durante poco tiempo (o
descansan), el miércoles sí se hace un trabajo fuerte pero falto de volumen, el
jueves se aplica una intensidad media o baja y poco volumen, el viernes
escasísimo trabajo en intensidad y volumen, el sábado ronditos ineficaces
mientras los titulares ensayan ciertas jugadas, el domingo descanso total
quedándose en casa o viajando para luego sentarse en el banquillo. Echen cuentas
de lo que entrenan cada semana los que son suplentes habituales. Prácticamente,
nada.