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EDITORIAL
Junio 2013
Reflexiones
sobre nuestra liga
¿Cuántas ligas dentro de la Liga?
Con
la aparición del poder del Barcelona y el Madrid, tanto en presupuestos como
calidad de jugadores, se comenzó a hablar de dos ligas dentro de nuestra
liga: la de estos dos equipos y la del resto de equipos de Primera División.
Esto, en lo que se refiere a los medios de comunicación supone una falsedad
porque se trata de una misma liga. En lo que atañe a los equipos supone un
acto de mediocridad por el conformismo de quedar terceros. Pero es que,
además, si observamos la clasificación, y a tenor de los resultados,
podríamos concretar que se han producido no dos, sino tres ligas. Una es la
liga del Barcelona, que
ha sacado nada menos que quince puntos al Madrid. Otra
es la del Madrid, pero menos, porque sólo saca nueve puntos al Atlético de
Madrid, que es tercero. Y queda otra tercera liga para el resto.
Barsa y Madrid, estilos opuestos
Las
estructuras y planteamientos de los dos equipos más fuertes de nuestra liga,
Barcelona y Madrid, son diametralmente opuestos. Son antagonistas en su
estructura, en el desarrollo de su cantera y en el modelo de juego de sus
primeros equipos. La cantera del Barcelona trabaja con una metodología de
entrenamiento adaptada a las diferentes etapas de edades y aplicando tareas
bien diseñadas con una coordinación eficaz de todos los técnicos, mientras
que la cantera del Madrid se basa únicamente en tener equipos en todas las
categorías y entrenar cada uno de ellos como a su respectivo entrenador le
parezca oportuno (como ocurre en casi todos los clubes). Para su primer
equipo, el Barsa tiene un modelo de juego bien establecido y basado en una
metodología de trabajo que afianza su forma de jugar en cada sesión de
entrenamiento, ellos lo llaman tareas preferenciales simuladoras. El Madrid
no tiene modelo ni estabilidad ni juego, se forma cada año fichando a los
más destacados del mercado internacional buscando la suma de jugadores, no
su coordinación; esto le basta para estar arriba en el fútbol doméstico y
ganar muchos partidos internacionales, pero no le llega para ganar títulos.
Bajísimo nivel de entrenamiento
La
condición física es una herramienta importantísima al servicio del juego,
significa la capacidad para poder ejecutar las acciones con efectividad.
Analizando los entrenamientos y, consecuentemente, el rendimiento
condicional de los equipos de nuestra Liga de Fútbol Profesional, se deduce
claramente que el nivel de carga de trabajo es bajísimo, tanto en intensidad
como en volumen. Se entrena poco y mal. Uno de los problemas llega de la
mano de las “modas”. Hace poco todo el mundo presumía de hacer
entrenamientos globalizados, y yo doy un gran valor a este modelo, pero la
aplicación que casi todos hacen consiste en un revoltijo de trabajos con
balón sin tener en cuenta los objetivos y ejercitando una carga mínima e
insulsa. Recientemente llega otra moda: la “periodización táctica”, que
cristaliza como marca de la casa en muchos de nuestros equipos. Este
concepto (totalmente erróneo para mí en su definición y aplicación) nace con
los portugueses Vítor Frade y Guilherme Oliveira, continúa en España con Rui
Faria (preparador físico del Real Madrid) y termina por afianzarse aquí con
Xavier Tamarit (ayudante de Pellegrino en el Valencia esta temporada, hasta
que le sustituyeron por Valverde). Lo que explican en la teoría no es
ninguna novedad porque es similar al entrenamiento estructurado del que
algunos llevamos hablando hace bastantes años; lo que aplican en la práctica
es un descalabro porque en las tareas jugadas no adoptan el nivel de carga
necesario y, por otra parte, desprecian cualquier forma de entrenamiento
analítico condicional, que es necesario en algunos casos para plasmar en los
partidos esfuerzos de alta intensidad y buena recuperación entre esos
esfuerzos. Estamos entrenando poco y mal. No hay carga adecuada en
intensidad y volumen. La diferencia sustancial en las semifinales de la
reciente Champions League entre los equipos alemanes, Bayern Munich y
Borussia Dortmund (clasificados), y los equipos españoles, F. C. Barcelona y
Real Madrid (eliminados), no estuvo en la técnica ni el talento de cada uno
de los futbolistas, estuvo en la distinta capacidad física específica. Esa
fue la clave fundamental.
Se juega mal porque se entrena mal
Es
cierto que se hacen buenas jugadas ofensivas a balón parado (que la gran
mayoría llaman, erróneamente, estrategia), se entrenan bien y hay mucha
variedad. También observamos equipos que están bastante bien en la situación
de defensa, buenos repliegues, coberturas y basculaciones. Los equipos se
mueven más o menos bien para tapar y marcar. ¿Pero qué pasa en la situación
de ataque? Esta es la asignatura pendiente. Casi todos hacen muy mal los
movimientos individuales y colectivos atacantes, sencillamente porque casi
nadie entrena el ataque. Se cree que el pase de gol aparece, y es cierto,
pero se facilitaría más su aparición y, principalmente, la finalización con
eficaces entrenamientos en la situación de ataque. Lo primero que se ve
claramente es que todos los equipos, sin excepción, realizan un ataque
indirecto en sus “partidillos” de entrenamiento: nadie golpea en largo, todo
son pases medios, cortos o paredes. Sin embargo, en los partidos comprobamos
que casi todos golpean en largo desde el portero y los centrales. Por otra
parte, el entrenamiento del ataque necesita de tareas en las que se fijen
unos objetivos de juego para que los jugadores las interioricen. Pero esto
no se aplica nada bien en la mayoría de las ocasiones porque se confunde lo
que es entrenar con balón, dentro de los modelos globalizado y estructurado,
con un simple revoltijo de acciones sin análisis ni transferencia al
partido. En general, se juega mal porque se entrena mal.
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