Proyectos, proyectos, proyectos…
Varias son las acepciones que la Real Academia Española atribuye al término
“proyecto”. La más relevante, es: “planta y disposición que se forma para
la realización de un tratado, o para la ejecución de algo de importancia”.
En fútbol, el significado sería: “disposición que se forma para la
realización de un tratado de normas para dotar al club y al equipo de una
identidad propia de trabajo y de juego con el objetivo de conseguir los
resultados propuestos con estabilidad en el tiempo”. Pero dentro del mercado
irracional en que está inmerso el fútbol profesional, la utilización de la
palabra proyecto por parte de los dirigentes futbolísticos no es una
disposición para ejecutar algo de importancia, en ningún caso tratan de
dotar a su club y a su equipo de una identidad de trabajo estable. En el
inicio de cada temporada recurren a la palabra proyecto dentro de una frase
concreta: “nuevo proyecto”. No se cansan de repetir que inician un nuevo
proyecto, pero es mentira. Sólo es una estrategia para su propio beneficio,
con el consiguiente engaño a sus aficionados.
Cada temporada un “nuevo proyecto” y para cada temporada no vale el proyecto de
la temporada anterior.
Muchos cambios de jugadores cada año en cada equipo, y varias veces al año en
virtud de los plazos habilitados para fichajes. También demasiados cambios de
entrenador en ciclos cortos de tiempo. Drásticos trueques de jugadores y
entrenadores en los que las características de los sustituidos y de los
sustitutos son diametralmente opuestas. ¿Dónde está el proyecto?, ¿dónde está la
estabilidad? El proyecto económico, y su estabilidad, debe partir de la
responsabilidad y las directrices del gerente o director financiero, con la
complicidad de su grupo de trabajo. El proyecto deportivo, y su estabilidad,
debe partir de la responsabilidad y directrices del director deportivo, con la
complicidad de su grupo de trabajo. Pero resulta que los directores deportivos
también son sustituidos a menudo, casi cada año, por conveniencias, gustos o
intereses del presidente de turno. Además, abundan los directores deportivos
incapaces e incapacitados que ocupan ese puesto simplemente para cumplir los
mandatos de los dirigentes, a modo de recaderos o bufones.
Cada club
debe marcar unas pautas de actuación que le permitan una estructura y un juego
estable. Dentro de este planteamiento, sería conveniente e importante que los
jugadores y también los entrenadores se mantuviesen en el equipo durante unos
ciclos de tiempo razonables. Los entrenadores son los responsables del
entrenamiento y del planteamiento de juego, y se les debe respetar la lógica
independencia que necesitan para ello, pero deben estar enmarcados en las pautas
que establezca la dirección deportiva. Precisamente, en las tareas que
corresponden al director deportivo debe asentarse el proyecto futbolístico del
club. Clasifico, como ya llevo haciendo mucho tiempo, estas tareas en las
siguientes: formar una plantilla competitiva en el campo y rentable en el
mercado, crear un modelo de juego consistente y estable como sello futbolístico
del club, implantar las directrices de plantilla y metodológicas para que el
equipo juegue bien, establecer un rendimiento eficaz y competitivo, instaurar
una metodología adecuada para la formación de futbolistas en los equipos
filiales y dependientes.