El entrenador desde la banda
El argumento más importante para el desarrollo del juego son los jugadores,
como ya he indicado muchas veces, pero la labor del entrenador es importante
porque administra las aptitudes y actitudes futbolísticas de sus jugadores,
como también he indicado muchas veces. El entrenador de fútbol gestiona las
características de sus futbolistas para coordinar sus prestaciones en busca
del mejor rendimiento posible. Cabe recordar aquí que el rendimiento de un
equipo de fútbol no resulta de la suma sus jugadores, sino de su adecuada
coordinación. La labor del entrenador es compleja y, según mi propia
clasificación, abarca las tareas siguientes: atender todos los componentes
del modelo de competición, desarrollar una adecuada metodología de
entrenamiento, buscar la mejora integral de cada futbolista, plasmar los
principios fundamentales del juego, utilizar las variantes tácticas
convenientes, entrenar los principios fundamentales del juego y las
variantes tácticas, orientar colectivamente las acciones de sus jugadores,
orientar el juego del equipo durante el partido, dirigir a su grupo de
trabajo, atender a los medios de comunicación.
Me centro
ahora en una de las tareas para aclarar aspectos básicos de su aplicación,
concretamente en la que se refiere a orientar el juego del equipo durante el
partido. Partiendo de que los jugadores aprenden con lo que hacen y muy poco con
lo que se les dice, tengamos presente que los futbolistas asimilan los
desarrollos tácticos a través de tareas de entrenamiento bien diseñadas para tal
fin. Para que el equipo aplique un juego eficaz, lo fundamental son las tareas
que los jugadores practican en cada entrenamiento. No obstante, el entrenador
puede orientar el juego desde la banda en cierta medida. Orientar sí, dirigir
no. Para ello contamos con cinco recursos: cambiar la alineación (los tres
cambios permitidos por las Reglas de Juego), cambiar la formación (variar el
posicionamiento de los jugadores), adelantar o retrasar el bloque de equipo, dar
indicaciones a jugadores que estén lejos de la zona activa de juego y dar
indicaciones en el descanso. Recalco lo de las indicaciones a jugadores que
estén lejos de la zona activa de juego, porque no hay que interferir en la toma
de decisiones de los jugadores que actúan directamente con balón o sobre balón.
Parece que
muchos entrenadores, incluso de alto nivel, tratan de jugar el partido ellos
mismos. Vociferan constantemente tratando de dirigir de forma instantánea a los
jugadores que están cerca del balón, o sea, en la zona activa de juego. Con esto
sólo consiguen enturbiar en lugar de ayudar, confundir en vez de orientar.
¡Toque, toque! ¡Siga, siga! ¡Pase, pase! ¡Centre, centre! ¡Tire, tire! ¡Gire,
gire! ¡Fuerte, fuerte! ¡Entre, entre! ¡Apriete, apriete! ¡Sin falta, sin
falta!.. Son ejemplos de voces inútiles dirigidas a jugadores que están
actuando con balón o sobre balón, sometidos a muchos estímulos y con la
necesidad de decidir inmediatamente. Estas voces producen en el jugador una
interferencia negativa. Lo correcto es hacer indicaciones a jugadores que están
lejos de la zona activa porque tienen tiempo y disposición para escuchar y
asimilar. Por ejemplo, corregir posiciones en nuestra línea defensiva cuando
estamos atacando cerca de la portería contraria, variar posiciones a nuestros
delanteros cuando estamos defendiendo cerca del área propia, o indicar una
situación a un jugador de banda cuando el balón está en la otra banda. Pero la
mayoría de entrenadores se pasan el partido mirando el balón y vociferando a los
que están cerca de él.
No observan el desarrollo del juego, sino la ejecución inmediata de cada jugada.
Con esta forma de proceder no pueden orientar a sus futbolistas para la jugada
más importante en el desarrollo táctico: “la jugada siguiente”.