Las rotaciones
En fútbol es muy difícil, prácticamente imposible, que se presente el
síndrome del sobreentrenamiento. A pesar de que el periodo de competición
abarca la mayor parte del año, de que en muchos casos se juega más de un
partido por semana y de que bastantes equipos realizan numerosos y largos
viajes; a pesar, también, de que las cortas pretemporadas son ahora (y desde
hace varios años ya) un tiempo para traficar en vez un tiempo para entrenar.
A pesar de todo lo reseñado, vuelvo a manifestar que es prácticamente
imposible que aparezca el sobreentrenamiento. Las cargas de entrenamiento
que se realizan, tanto en su intensidad como en su volumen y en su
distribución en los diversos ciclos, no suponen una incidencia peligrosa
para el organismo del futbolista adulto.
La suma y la densidad de las cargas aplicadas en cada temporada no llegan a
producir un catabolismo que desequilibre la homeostasis. Se
planifican microciclos de recuperación, de mantenimiento y de carga; pero no
se llevan a cabo microciclos de impacto, aunque serían necesarios en algunos
tramos del año.
No
obstante, los gestos, movimientos y esfuerzos que tienen que aplicar los
jugadores de fútbol en cada partido suponen un agresivo impacto sobre las
articulaciones. Las arrancadas, los cambios bruscos de dirección, los saltos,
las entradas al rival, la lucha cuerpo a cuerpo por ganar el balón o la
posición, los despejes de cabeza, la conducción ante la oposición del rival, los
regates, los golpeos en largo, los disparos a gol y los remates de cabeza son
acciones que implican agresión sobre los músculos, tendones, ligamentos y
huesos. Las articulaciones, principalmente las de rodilla y tobillo, tienen que
soportar altísimas y antinaturales cargas. Las lesiones aparecen por impactos
con el rival o por esfuerzos bruscos. Los impactos no tienen prevención y
aparecen de forma incontrolada. Los esfuerzos bruscos de las articulaciones
tienen tratamiento profiláctico a nivel muscular, tendinoso y ligamentoso;
tratamiento que en muchos casos no se hace con la dedicación necesaria, lo que
suele provocar la aparición de mayor número de lesiones.
Las
lesiones, enfermedades y sanciones de algunos jugadores, que inevitablemente
aparecen a lo largo de la temporada, hacen obligatorios los cambios en las
alineaciones. Se trata de inevitables permutas de futbolistas en cada equipo.
Otra cosa son las llamadas “rotaciones”, concepto que ha hecho su aparición en
nuestro fútbol hace ya varias temporadas, y que produce cambios en el equipo
titular de un partido a otro. Actualmente, todos aplican “rotaciones” como si
fuese algo necesario en cualquier caso o como si ello significase la panacea
para el rendimiento.
Entiendo las rotaciones en
los equipos que tienen competición internacional, que muchos de sus jugadores
son convocados por selecciones nacionales y que para cada puesto cuentan con
varios jugadores con mucha calidad. No entiendo las rotaciones en equipos que no
tienen estos tres condicionantes porque estos cambios, artificiales y no
justificados, provocan una merma de rendimiento en el equipo al retirar del
campo a jugadores netamente mejores que sus sustitutos y al suponer un
inconveniente en el afianzamiento del juego colectivo por los constantes cambios
de actores sobre el escenario.